Los tres arquetipos para tu camino: coraje, ternura y humor.

 En Coaching 4 Evolutions. Las Etapas del Desarrollo, Tu Mejor Versión, Vida Salvaje de las emociones y los pensamientos.

Prólogo del libro de Iván Ojanguren “Apasiónate”. En la foto, junto a Zoubeida y Terry en nuestro trabajo con la Fundación Vicente Ferrer

 

Apasionarse por la vida tiene para mí la categoría de actividad artística. Y la considero una de las más creativas. Crearte a ti mismo requiere de cintura y aplomo para manejar tus estados interiores. Encontrar tu mejor versión para cada momento y acceder a ella es el paso decisivo para manifestar lo más profundo que hay en ti. A veces digo que es necesario primero flotar y después nadar. Es decir, que si eres capaz de ponerte en la versión que toca en cada momento, puedes dejarte fluir, que todo saldrá bien.

Iván aporta una guía muy valiosa para ello con este libro, en particular para encontrar una vocación en la que volcar esa pasión y que tire de tu mejor versión. Gracias Iván por permitirme poner un granito de arena a quienes desean hacer arte de su vida.

La aportación que te propongo en este prólogo son tres arquetipos diferentes (puedes ver los arquetipos como actitudes, energías o estados), con los que puedes jugar para crear tu mejor versión. Manejar estas tres ideas te permite intercambiarlas y recurrir a ellas de forma flexible. Es la ventaja de poner nombre a las cosas.

Para explicarlas suelo poner el ejemplo de cómo me ayudan estas distintas energías cuando estoy haciendo el Camino de Santiago. Es un entorno ideal para la reflexión y la introspección, además de para superarse. El camino inspiró estas ideas, además de muchas otras. Gracias también a él.

Cuando haces el camino necesitas elegir un objetivo. Si no, te quedarías en casa dudando a dónde quieres ir para comenzar a caminar. Una vez eliges que quieres ir a Santiago, es importante sentir la motivación que te provoca ese destino. La gente hace al camino a Santiago por distintos motivos: disfrutar de la naturaleza, conocerse a sí mismo/a, conocer gente, disfrutar de la arquitectura, motivos religiosos o espirituales (que no es lo mismo), etc. Todos van al mismo sitio, pero la energía que les mueve a cada uno es diferente.

¿Y qué es lo importante? ¿El propósito exterior (Santiago) o el propósito interior (el propio de cada uno)? Evidentemente, lo que importa es el valor que hay detrás del objetivo. El valor es lo esencial del propósito interior. Sin él, el objetivo no motivaría, carecería de significado. Eso es lo que provoca todas las hazañas y hechos gloriosos del ser humano y lo que necesitamos cada día para caminar.

El objetivo y el valor que hay tras él nos dan el arquetipo (o energía) del coraje. Superaremos dolores de rodilla, dormir en lugares atestados, comer poco, hacer infinidad de kilómetros, etc. gracias a la energía del coraje. La misma que tanto se usa hoy en día, en el mundo de objetivos, consumismo y urgencias en que vivimos… un mundo que nos exige un constante esfuerzo, una constante energía de coraje.

Pero esa exigencia continua puede extenuarnos. La energía de el coraje no dura eternamente y de ahí la necesidad de combinarla. Además, el coraje ofrece siempre soluciones bastante tajantes y directas y a veces es necesario recurrir a otro tipo de recursos. Los otros dos arquetipos nos dan energías y perspectivas diferentes que evitan el agotamiento físico y mental y que representan “opciones de recursos” adicionales, incluso más creativas y complejas.

Cuando tu coraje falla es porque los programas o estrategias de acción que has aprendido no funcionan. Dices “es que no le comprendo” o “es que no comprendo cómo pude hacer eso”. Pero estas frases no marcan un punto de llegada sino un punto de partida. Deben servir como señal de alerta de “mi programa habitual no sirve en este caso, debo comprender más cosas”. “La realidad que tengo en cuenta debe ser más amplia, necesito que comprenda más elementos.” ‘Comprender más’ también significa ‘abarcar más cosas’ en tu espacio de pensar y sentir.

Comprender no es únicamente una cuestión racional. Ni mucho menos. Cuando decimos que “debemos ser más comprensivos”… ¿a qué nos referimos? Sin duda, a pararnos para sentir con más intensidad, con más cuidado. Nos referimos a comprender mejor a otras personas, aunque también a nosotros mismos.

Si queremos comprender fuera de nuestros programas de pensar y sentir habituales, es momento de abandonar la energía de el coraje. Es necesario endulzar el corazón y usar la energía de la ternura o reírnos de la realidad tal como nos hemos creído que era hasta ese momento con la energía del humor.

Cuando estás agotado en el camino, habiendo dejado los restos de tu coraje ya kilómetros atrás, a menudo te cruzas con una persona que te mira como se miran los caminantes y te dice “buen camino”. Esa mirada, esa sonrisa, ese tono y esas palabras te ponen en contacto de forma sincera con el otro caminante y, a la vez, con tu propia esencia. Cuando alguien te ofrece un saludo auténtico, te conecta con la humanidad en estado puro, la de él, la tuya, la de todos. Esto te da una energía que antes no tenías, una energía que no es de coraje, sino de ternura, de amor, de bondad, la energía que brota de la inagotable belleza interior, con la que emerge una sensación de eternidad que te supera como individuo.

El arquetipo de la ternura es el simbolizado por el amor incondicional, el amor bondadoso o compasión de los budistas. Se representa por mitos y divinidades en todas las culturas, como la diosa Cibeles de los griegos, la Virgen María de los cristianos, la Madre Tierra para los indios americanos. Es motivo habitual de obras de arte como La Piedad de Miguel Ángel.

El arquetipo de la ternura es la fuente de la empatía profunda, con la que no solo te pones en el lugar de la otra persona, sino que sientes a la otra persona. Esa mirada desde el corazón te hace ver las cosas de otra manera, te permite comprender cosas sobre ti mismo o sobre los demás que están más allá de la razón. Surgen nuevos enfoques o ideas más creativas y complejas que eran imposibles sin esta mirada.

El arquetipo de la ternura te ayuda a sentir más que pensar, con toda la información e intuiciones que de ahí pueden surgir. Esa intimidad contigo mismo que te da la ternura te permite sentir-te y sentir con más intensidad. La ternura te conectará aún más con el propósito interior de cualquier objetivo, pero no para alcanzarlo, sino para vivirlo al 100% en cada momento, en cada acción que acometas para conseguirlo. Eso te da una fuerza y una creatividad adicionales asombrosas.

El amor, la bondad, la energía de la ternura, te permiten sobrellevar las cosas con serenidad, sabiendo que eres mucho más que las cosas que te pasan. Puedes sentir que eso eterno que llevas dentro no se ve comprometido con los resultados. El éxito o el fracaso pueden ser todo lo que ve el coraje, pero no son más que circunstancias desde el punto de vista del amor bondadoso hacia uno mismo/a y hacia los demás. Incluso ese amor bondadoso se extiende a ser comprensivo/a con las circunstancias.

Coraje y ternura es una dualidad típica en la mente, como el blanco y el negro, el bien y el mal. Pueden asimilarse en cierto sentido a yang vs yin, crecimiento vs paz, crear el futuro vs sentir el momento presente, cielo vs tierra. Son dos arquetipos que por un lado se contraponen, pero que también se pueden combinar, lo cual, en la sabiduría oriental, es síntoma de armonía y bienestar.

También lo es desde el punto de vista del coaching, que es el arte de combinar el estímulo de un objetivo significativo con la plenitud personal. El objetivo en coaching, junto al valor que hay detrás de él, se utiliza como un elemento clave para tener un presente ilusionante y vivo. A la vez, ese presente vivido al 100% permite alcanzar tus sueños.

El ejemplo típico de coaching es lo que consigue cuando deseas hablar bien en público: podrás dar un discurso excelente, fluyendo en el momento de impartirlo, si estás conectado con un propósito motivador. Esto será una garantía de disfrutar en el momento de hablar ante los demás, de conectar con ellos y de cumplir tu objetivo. Coraje y ternura, están unidos en el coaching.

Hay momentos en que necesitas aún más, existen situaciones en que ninguno de los dos arquetipos es suficiente. Siempre recuerdo la primera vez que hice el camino a Finisterre. Venía con la rodilla izquierda destrozada y me encontré con la bajada larguísima que hay poco antes de llegar a Corcubión. Después de mirarla un momento (y soltar un par de improperios) me armé de coraje y ternura para iniciar la bajada ¡no me iba a quedar allí! Iba resistiendo y hablando con mi acompañante, a pesar de que era tan pedregosa que el dolor era aún mayor de lo que imaginaba. Cuando llegué a la curva al final de aquel tormento, me quedé a cuadros: quedaba otro tramo de bajada aún mayor, pero que no se veía desde arriba. Después del susto inicial, fue curioso que la única reacción que me salió fue reírme… ¡me reí a carcajada limpia! y el que venía conmigo también. Fue una reacción de humor instintiva, ¡me cogió desprevenido hasta a mí!

Eso me recordó el dicho ese de “pasar de la risa al llanto”. Sin duda tenemos el humor en los genes como arma de defensa ante las mayores adversidades. Nos permite mantener una distancia con lo que se supone que deberíamos sentir o pensar, no deja que nos bloqueemos por el miedo o las creencias. Nos permite salir de las reacciones condicionadas de “cuando te duela mucho y te vaya a doler aún más, tienes que asustarte mucho y llorar de pánico”. El humor te permite cancelar el pensamiento y solo reírte, fijar tu atención en esa actividad física. Así puedes liberarte por un momento de las emociones y pensamientos que de otra forma te atenazarían.

En la corte de la Edad Media, los reyes y nobles tenían bufones, como sabrás. Lo que quizá no sepas es que su principal función no era la de entretener y hacer reír… los bufones eran los sabios de la corte. Tomaban distancia de la realidad con su sentido del humor, y esto les permitía encontrar soluciones imposibles para los que se mantenían sometidos por la forma convencional de ver la realidad. Su mente volaba mientras el resto se mantenían “embelesados” o “asustados” por las circunstancias.

De hecho, el lado oscuro del humor es el sarcasmo, en que nada tiene importancia y te ríes de todo. En ese caso, más que volar sobre la realidad, estás perdiendo el contacto con ella.

Por mucha distancia que tomes gracias al humor, no puedes olvidar que hay valores que tienen importancia siempre, con los que te conectas a través de la ternura, y que hay objetivos que encarnan esos valores y por los que vale la pena aplicar el coraje.

Coraje, ternura y humor, tres energías de las que echar mano siempre que lo necesites.

Ya que Iván desea que el libro sea práctico y ayude todo lo posible, te propongo un ejercicio: ¿Puedes reconocer momentos en que te hayan ayudado cada uno de estos arquetipos? Si recuerdas con alma, mente y cuerpo esos momentos, tendrás una buena pista de cuál es tu mejor versión en cada una de ellas.

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