Vida Salvaje de las emociones. 3º fascículo. Las claves para convertir el dolor en evolución

 En Vida Salvaje de las emociones y los pensamientos.

Un relato escrito por Daniel Álvarez Lamas y Melisa Terriza.

Gracias a Renata Otero y Marian Cobelas por sus aportaciones. 

Muchas veces, las emociones duelen. Cuando esto sucede, nos indica que el programa de pensar y sentir que estás utilizando no es eficaz para la situación que te toca afrontar. Cuando el camino no está claro o es perjudicial para ti, el dolor es la señal para cambiar.

Recuerdo una conversación tomando café una tarde con mi amiga Rosa. Es una persona a la que le encanta reflexionar sobre las emociones.

– ¿La emoción provoca dolor o sufrimiento? – me preguntó. Me encantó la distinción y me dejó pensando.

– ¡Qué buena pregunta! – respondí. Pero Rosa no me dejó mucho tiempo… Como solía hacer, se respondió a sí misma.

– Siempre había entendido, y por experiencia propia también creo, que el dolor es ‘obligatorio’ y el sufrimiento es ‘opcional’ – dijo, remarcando ambas palabras. – Que te duela una emoción es irremediable, pero sí podemos elegir no sufrir por ella.

– Suena bien – dije, casi para mí. Ella siguió a lo suyo, pensando en alto.

– Es decir, tengo dos opciones: la primera, recrearme en la triste historia que me duele y sufrirla. Eso deriva en querer llevarme la razón, en sentirme culpable o en ambas cosas. La otra opción es aceptar la tristeza y sentirla sin miedo, como si fuera una fiebre, pero sin recrearme en la historia.

– Claro – asentí -. Esto último es como si no te creyeras del todo la historia, sino que supieras que puedes encontrarle otra perspectiva después de la fiebre.

– Eso es. Y además puedo ser más consciente de las raíces de mi tristeza para conocerme mejor. Esa era la misión de la tristeza: conocerme y conocer la emoción para después soltarla.

– Entiendo, Rosa. Pero la cosa no es tan fácil. Fíjate en lo que pasa cuando te enfadas con alguien –planteé –. Lo normal es irte enfadado porque crees que tienes razón. Es más, crees tener «La» razón. El enfado es demasiado fuerte y te enfanga en tu interpretación de la situación, lo que lo refuerza aún más ¡No le subestimes!

– Suena como si el enfado fuera el cemento con el que se consolida tu interpretación de la situación ¡Qué fuerte! – exclamó Rosa.

– Exacto – le respondí. – Eso te aleja de verla con la perspectiva adecuada para comprenderla de verdad y masticar lo sucedido.

– Pero eso es garantía de sufrimiento. Es poco inteligente. Estás viviendo internamente una historia en la que deseas que el personaje que representas luche y acabe ganando, pero en realidad es una lucha sin fin. Eso te aleja de la felicidad.

– ¿Pero es que alguien dijo que el ser humano es inteligente? – le pregunté. Nos dirigimos los dos una mirada de complicidad y nos reímos con ganas.

“Si somos conscientes del propósito que tiene la emoción – continué -, podremos modificar el patrón de pensar y sentir que la provoca en nuestro inconsciente”, decía Jung.

Si comprendemos y respetamos la forma de pensar y sentir que nos ha surgido en una situación, podremos observarla con curiosidad, ‘conversar’ con ella – continué. – Entonces será posible modificarla por otra forma de pensar y sentir que sea más eficaz.

– Sí, ya entiendo – dijo Rosa. – De esta manera, evitaremos revolcarnos en emociones que nos hacían sufrir y que ya no nos sirven. Pero ¿qué quieres decir con ‘conversar’ con la emoción?

Entonces recordé el caso de Samuel (el que te conté en el anterior capítulo) y pensé que sería un buen ejemplo.

– Te voy a poner un ejemplo, Rosa. Un cliente mío tenía mucha rabia hacia su ex pareja. Se estaban separando, una separación muy difícil. La solución a su rabia vino cuando se dio cuenta de que quería defender el futuro de sus hijos y su vida en familia.

– Entiendo, Luis ¡Menudo drama!

– Desde luego. Pero él se acabó dando cuenta de que no hasta entonces no había puesto atención suficiente a su familia y al final se dio cuenta de que si deseaba lo mejor para sus hijos, tenía que aceptar la situación y dar lo mejor de sí mismo.

– Suena lógico, pero lo difícil es manejar el conflicto para llegar ahí. En esas situaciones te llevan los demonios. Es difícil dominar las emociones – repuso.

– No te quepa duda – contesté -. De hecho, es como si la emoción tuviera vida propia… y salvaje. Hay un propósito que quiere defender. Si no la atacas, sino que comprendes eso que defiende y lo respetas, se produce un fenómeno curioso: la emoción se apacigua. Sobre todo, si encuentras formas alternativas de defender ese propósito. A eso le llamo ‘conversación interna’ – respondí. – La emoción se generó en ti para avisarte de algo. Una vez que se calma un poco, puedes comprender los pensamientos que vinieron con ella pero sin que te conquisten. Ves esa interpretación de la situación con distancia.

– Entonces se produce la aceptación – contestó. – Surge cuando te das cuenta de que formabas parte del problema. Ese momento en el que tocas tu punto tierno, tan duro como liberador.

– Es necesario – continué. – Después de eso surge una nueva forma de enfocar la situación, un nuevo patrón de pensar y sentir. No es posible mantener el mismo enfoque cuando cambias la perspectiva. Entonces surge una vía de salida imposible de ver antes. Esto, de forma natural, llevará a una solución diferente.

– Sin duda parece como si las emociones tuvieran vida propia – dijo Rosa mirándome a los ojos, después de un pequeño silencio.

– Sí, Rosa, es la vida salvaje de las emociones – dije, con una sonrisa. Fue en aquella época cuando comencé a usar esta metáfora que resultó aún más cierta según avanzaba con mi investigación.

Calma y acompañamiento. Las claves para superar emociones difíciles

La conversación resultó inspiradora, pero me quedé con ganas de profundizar en la aceptación. Era imprescindible para el cambio de perspectiva y sólo se alcanzaba después de un doloroso camino. El estado final de serenidad que precede a la aceptación era una auténtica prueba todas y cada una de las veces que una situación difícil se cruzaba en el camino. Sin el estado de calma mental necesario (que inevitablemente va con la calma corporal), nos resistiremos a aceptar la emoción y ésta continuará salvaje e indomable.

Recuerdo una conversación que mantuve con Samuel dos meses después de nuestra última sesión. Iba paseando por la Plaza del Mercado cuando sentí que me agarraban del brazo.

– ¡Luis! – me dijo.

– ¿Samuel?

– Claro ¿Quién si no? – me respondió. Era la misma persona, pero parecía que se había quitado diez años de encima.

– ¿Cómo te va? – dije, sonriendo. Nos dimos la mano efusivamente.

– Muy bien, la verdad. Oye, qué casualidad que te encuentre. Hoy pensé mucho en ti.

– ¿Ah, sí? – le pregunté.

– Es que la verdad que ahora veo de otra manera lo de mi divorcio, y fue gracias a nuestras sesiones. Quería decirte que me sentí tan comprendido y tan bien acompañado… Las sesiones fueron momentos de sosiego dentro de un mar de tormentas. Eran un verdadero descanso del guerrero… pero un descanso diferente. Ese espacio me permitió pensar bien, Luis – afirmó -. Era cómo estar en un jacuzzi emocional. Esa fue la clave.

– ¿Cómo un jacuzzi dices? ¡Jajaja! Qué bueno – repuse, riendo con ganas -. Cómo me alegro de lo que me dices, Samuel.

– Fue como si, gracias a esa calma viniera la claridad de pensamiento. Mi realidad dio un vuelco. Me pareció como si todo hubiera cambiado a pesar de que la situación, objetivamente, era la misma.

– El mérito fue todo del pensador, Samuel – dije. Me hacía gracia su vehemencia.

– Luis, lo que haces es muy grande. Lo sabías ¿verdad? Creo que en aquel momento no le di la importancia que tenía. No te lo agradecí lo suficiente.

– Solo soy un artesano con la mejor intención – le dije.

La verdad es que el coaching es un oficio muy agradecido. Si haces bien tu trabajo, ayudas mucho. Le proporcionas a las personas la distancia que necesitan sobre la situación para pensar bien. Ganan tal sensación de espacio ¡que lo notan en su cuerpo! Muchas veces notas cómo respiran más libres, con una sensación de alivio, sientes cómo se relajan… igual que si soltaran una enorme mochila.

A raíz de estas dos conversaciones recogí unos apuntes sobre los pasos de la sanación emocional. Fueron estos:

En el momento en que Samuel consiguió PERSPECTIVA Y CALMA, se desata el proceso de sanación emocional:

  1. Puso sobre la mesa su frustración y rabia y se permitió sentirlas de forma sincera y comprensiva.

  2. Comprendió para qué estaban ahí, qué era lo que querían decirle.

    Una vez se dio cuenta de la ineficacia de su anterior patrón de pensar y sentir, reflexionó sobre el verdadero propósito detrás del estilo de vida que llevaba antes. Era la felicidad de su familia. Se dio cuenta de que le importaba tanto que le provocaba esa rabia indomable.

  3. Se dio cuenta de que lo realmente importante era conseguir dicha felicidad en su «nueva vida», con lo que su mundo interno cambió de forma natural. Ése era su nuevo propósito.

  4. Conciencia y solución van de la mano. De esta forma, surgieron nuevos patrones de pensamiento y emoción, y lo mejor es que surgieron de forma auténtica, sin dejar deudas emocionales del pasado.

Además de todos los libros de autores occidentales, también profundicé en la lectura sobre filosofía oriental. Me sorprendió el “I Ching, el libro de los cambios». Este libro describe con múltiples casos lo que hay detrás de la gestión emocional: el equilibrio entre las dos fuerzas eternas, que son el crecimiento y la paz.

Según este libro, compendio de sabiduría, la felicidad consiste en el perfecto equilibrio entre ambas fuerzas universales. Este equilibrio también se puede intuir en el fondo de toda la historia de la psicología y la filosofía. Podemos sustituir el concepto «crecimiento» por su aplicación en la práctica: perseguir un «propósito», «objetivo» o «reto». El ser humano necesita tanto de reto como de paz: el reto sin paz genera ansiedad; la paz sin un reto, carece totalmente de sentido. La ansiedad y la ausencia de sentido (semilla de la crisis existencial), son las dos enfermedades del alma del siglo XXI. Pero eso ya te lo contaré más adelante 🙂

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Nota de los autores:

Ojalá esto te ayude. Como siempre, te agradeceremos mucho que nos digas si hay algo que no se entiende, una errata o cómo mejorarlo en general. Nuestros emails son daniel.alvarez@benpensante.com y melisa.terriza@gmail.com.
Si quieres saber más de la vida salvaje de las emociones, tienes en universos.es todos los demás fascículos.
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