El tercer cerebro del equipo. La intuición colectiva

 En Equipos y Liderazgo. Coaching con Lean para Organizaciones

Si se quiere atender la diversidad y el talento individual antes de crear la norma y alma común, el equipo se romperá. El camino al alto rendimiento necesita primero de crear el equipo antes de dar rienda suelta a la diversidad. Primero sinergia para evitar la dispersión.

En la etapa del cerebro social, el líder tenía que estar muy atento a compatibilizar talento individual y equipo. En la nueva etapa del tercer cerebro, la madurez del equipo hace ese trabajo: todos tienen tan interiorizado el equipo que sus diversas aportaciones generan un crecimiento natural del equipo y de sus resultados.

Esto implica que se ha generado una vertebración muy sólida, en la que cada persona:

  • Sabe lo que el equipo espera de ella.
  • Tiene espacio y autonomía para innovar y hacer las cosas a su manera sin abandonar su función y el estilo del equipo.

Cuando el equipo está cohesionado llega el momento en que cada componente puede aspirar a desplegar todo su talento.

Una vez el equipo está armonizado, la norma se respeta de forma fiel pero flexible, gracias a la consolidación del estilo del equipo. El dominio profundo de la norma y su integración por parte de todo el equipo permite que cada persona se manifieste con su mejor versión. El alma del equipo y la del individuo bailan armoniosamente, ambas en su máxima expresión. Por fin se ha despertado la intuición del equipo.

Gracias a que la norma fomentó la unidad, es posible ahora manifestar la diversidad. El equipo legitima a cada individuo para manifestar sus capacidades plenamente.

La unidad del equipo se combina con la plenitud del individuo y crean una interacción como las fuerzas centrífuga y centrípeta, que se equilibran y se refuerzan al mismo tiempo. Ya no es suficiente con actuar en plena cohesión y orden, es necesario que los miembros del equipo brillen. Se produce el alto rendimiento, la manifestación externa de la intuición colectiva.

La mejor versión del equipo solo se consigue cuando todos sus miembros han alcanzado su mejor versión en armonía.

En el pensamiento de norma, una persona puede acallar su talento por el bien del equipo. Cuando se enciende la intuición del equipo, todo talento es aprovechado al máximo.

Es el momento en que el equipo asume con soltura la creatividad. En la norma, la mejora continua ya era habitual, pero al encender la intuición colectiva se abandona toda rigidez, se le da más libertad, tanto individual como colectivamente. Las innovaciones rupturistas son también más habituales.

¿Qué puede hacer el líder para provocar la intuición colectiva?

Para que la intuición colectiva se instale en un equipo, es necesario conseguir la madurez del cerebro social. Ése es el primer trabajo del líder.

La intuición colectiva requiere de interpretar la norma de forma menos rígida, permitiendo que sea permeable a la intuición individual. Esto solo es posible cuando la norma “se ha integrado y es parte natural del equipo”, cuando las personas actúan juntas casi sin pensar, inconscientemente. Las personas parece que se entienden sin hablar, se intuyen entre sí. Tienen un código de comunicación asombrosamente eficaz. El organismo vivo llamado equipo ha florecido a partir de la norma y el alma.

Cuando llega ese momento, el líder lo nota en que necesita menos atención tanto a la norma como a impulsar desde el cerebro instintivo. El equipo lo hace por sí mismo, se autogestiona.

El líder prestará atención a estos indicios para comprobar que el equipo ha alcanzado el alto rendimiento. Ahora puede olvidarse de gestionar los dos primeros cerebros y se dedicará a generar la intuición colectiva, que surgirá de promover la diversidad y el talento individual.

Cada persona asume el liderazgo en el sentido que se necesita, produciéndose lo que se denomina liderazgo compartido. En esta etapa, el líder se centrará en delegar y promover el talento.

Delegar y promover el talento será por tanto la misión del líder ¿Cómo hacerlo?

Las conversaciones personales de desempeño son vitales para apoyar el desarrollo del talento en equilibrio con los intereses comunes. Estas conversaciones son necesarias en todo momento para fomentar el talento y compatibilizarlo con el equipo, y lo serán mucho más cuando llega el momento de trabajar sobre el tercer cerbro: intuición del equipo. Entonces las conversaciones personales de desempeño serán el principal foco de atención del líder.

En estas conversaciones, el líder ayudará a cada persona a alcanzar su máximo nivel de pensamiento: el pensamiento dialéctico o sistémico. Les ayudará también a ponerlo al servicio del equipo, aunque esto ya lo hacen de forma natural en la fase en que ha nacido el tercer cerebro.

Esta conversación ayuda a la persona a ver su idea desde diferentes perspectivas y a plantearla al equipo de la forma más enriquecedora. El equipo la completará desde la intuición colectiva, que creará una solución asombrosa.

Poco a poco, el propio equipo fomentará y encajará las mejores ideas de todos espontáneamente, sin ayuda del líder. Como se mueve un equipo de voleibol o baloncesto perfectamente armonizado, uniendo talento individual y colectivo, de forma que no se distingue dónde acaba uno y empieza otro.

Puedes ver aquí una jugada de voleibol que refleja el equipo que se abandona la intuición, donde se unen la máxima expresión individual y la colectiva:

¿Qué motivación está detrás de la intuición colectiva?

Para que un ser humano consiga todo su potencial de pensamiento necesita enraizarse en sus propios valores.

Tal como antes dijimos, ésta fue la conclusión incuestionable de nuestra investigación “coaching 4 evolutions” (ver en centro de investigación de benpensante.com).

Por tanto, si deseamos que la mejor versión de una persona conecte con la del equipo para crear la intuición colectiva, deberán activarse dos motivaciones:

  • La conexión con los propios valores, fuente de las mejores ideas.
  • La conexión de todos con el alma del equipo, con su estilo y sus valores, para incorporar esas ideas de forma fluida y natural.

Como la secuoya

El bosque de secuoyas constituye una metáfora perfecta del cerebro de intuición del equipo.

Las secuoyas son unos árboles inmensos y milenarios (¡pueden llegar a superar los 2.000 años!) que abundan en California. Veamos una bella descripción de este fenómeno descrito por Marc Vidal en su blog.

Lo más extraordinario de este tipo de árbol no es la longitud vertical que logra (llega a superar los 100 metros de altura), sino como el mecanismo que utiliza. ¿Qué profundidad deben tener las raíces de un árbol que alcanza esa tremenda altura? Cuando cuestiono esto a conocidos o en charlas públicas, las respuestas son de todo tipo. Cien metros, doscientos, cuarenta, diez, hay de todo. Sin embargo la sorpresa es general cuando descubro la gráfica que demuestra que la profundidad de las raíces de este tipo de planta es muy inferior a lo previsto.

Apenas tienen unos pocos metros de profundidad, hay casos incluso que muestran árboles de casi un centenar de metros de alto con unas raíces de apenas uno de profundidad. El método para soportar la presión lateral es una maravilla de la naturaleza. Las secuoyas sólo pueden crecer en grupo. Las pocas que hay de modo aislado en alguna zona europea (tras una replantación en el siglo XIX) no alcanzan apenas los treinta metros de talla.

Para alcanzar su altura media y su longevidad, las secuoyas son los únicos árboles capaces de enlazarse los unos a los otros hasta el punto que llegan a perder el sentido de quien es uno y quien es otro. Se han hecho pruebas de inyectar un líquido coloreado en la raíz de una de ellas ubicada en un punto concreto y esperar unos años. Tras ese tiempo se descubre como ese líquido puede detectarse en todo el bosque.

Aunque estén unidos hasta el punto de fundirse los unos a los otros, lo cierto es que mantienen su propia individualidad genética y biológica pero si uno de ellos precisa savia por algún motivo, el bosque entero en general, y los árboles más cercanos en concreto, le proveen.

Ese lazo extremo entre todos permite enfrentarse a la inclemencia atmosférica aunque estén a tanta altura y tan expuestos, les permite crecer hasta una altura inconcebible por la naturaleza de un modo lógico.

 

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