Vida Salvaje. Anexo 1 ¿Cuál es el origen de las emociones? 

 En Vida Salvaje de las emociones y los pensamientos.

Las emociones se han creado como el mecanismo más evolucionado para decir al ser vivo cómo debe actuar. Es decir, las emociones son la fuente de la motivación y los pensamientos.

Todos los pensamientos y motivación influyen también en las emociones en un continuo baile, creando como una vida salvaje en nuestro interior.

A continuación veremos que las emociones son un mecanismo biológico que se rige por la motivación superior: la gestión de la vida, la supervivencia. Veremos la evolución del instinto animal hasta convertirse en las emociones humanas. Lo importante es ver cómo en nuestro día a día se manifiesta cada capa de nuestra vida salvaje de las emociones.

  1. Los seres unicelulares se mueven en un entorno líquido con sus patitas (cilios) . No tienen emociones ni dolor. Solo reaccionan por disposiciones, por instintos, la raíz de los hábitos. Por ejemplo, la disposición ” si tocas algún obstáculo o sientes un entorno tóxico, cambia de dirección.¡Los hábitos son parte fundamental de nuestra vida! Cuando te encuentras en un determinado contexto con determinado amigo, tienes el hábito de saludarle efusivamente. Cuando los niños están jugando en la clase y entra el profesor (la mayoría de las veces:), los niños han aprendido a prestar al profesor toda su atención.

    Gracias a los hábitos, actuamos la mayor parte del día por sistema, no tenemos que pensar qué necesitamos hacer, y se producen automáticamente comportamientos que son adecuados.

  2. Los reptiles son un ejemplo del siguiente paso biológico. Ellos tienen integrada la gran guía del comportamiento animal: el binomio entre placer y dolor. Su organismo utiliza estas dos sensaciones primordiales como motor de su comportamiento.El dolor es un gran maestro, pues nos obliga a prestar atención. Como por ejemplo para darnos cuenta de que tenemos una enfermedad, que de otra manera pasaría desapercibida. También para darnos cuenta de que estamos perdiendo una amistad que no estamos cuidando lo que merece.

    Perder algo que deseamos nos produce dolor. Conseguirlo nos produce placer. Dolor y placer son el reflejo de los deseos más instintivos y también de los propósitos más trascendentes y solidarios.

  3. Los mamíferos sienten, a partir del dolor y el placer, un abanico de emociones primarias, las cuáles les guían para elegir aún mejor el comportamiento a realizar ante un estímulo. Sentir estas emociones permite dar unas respuestas mucho más precisas que las que se logran con el binomio de placer y dolor.  

    Por ejemplo, si un jefe te dice que tu trabajo “no es propio de ti”, esto te produce dolor, pero puede transformarse en distintas emociones, como el enfado hacia él, la tristeza por no lograr el resultado o el impulso para hacerlo de nuevo y mejor. Cada una de estas tres emociones generan un “programa de acciones” muy distinto. Esa es la función de las emociones: son programas de acción que tenemos integrados en nuestro “software”. Las emociones se sienten en el cuerpo y son interpretadas por la mente. Es decir, son sensaciones que se interpretan para saber cómo actuar. Este es un principio fundamental, como iremos viendo en la Vida Salvaje de las Emociones.

  4. Los humanos son el paso definitivo, pues despliegan emociones sociales como la vergüenza e incluso emociones trascendentales como la bondad. Sobre todo, tienen una gran ventaja competitiva: tienen conciencia de dichas emociones, es decir, se dan cuenta de que las sienten. Por ello, pueden reprimirlas, modularlas o cambiarlas de forma mucho más precisa y creativa... y pueden incluso sublimarlas, como sucede con las experiencias espirituales de amor, armonía y gozo.

Siguiendo con el ejemplo anterior, puedes sentir vergüenza o culpa por el reproche del jefe. Ambas son emociones sociales y generan reacciones muy diversas.

¿Para qué sirve la consciencia de las emociones? 

“Darse cuenta” de las emociones que tenemos y de las que queremos es la base de la inteligencia emocional.

Fíjate que tenemos “el hábito de enfadarnos” en determinada situación, porque hay hábitos de emoción, igual que los hay de pensamiento (reaccionamos automáticamente a una situación pensando, por ejemplo, “esto es un desastre”). Los hábitos se crean continuamente, pues aprendemos de las experiencias.

Es decir, esa capacidad de los instintos de crear hábitos emocionales para gestionar la supervivencia es el juego que debemos manejar son nuestra inteligencia emocional.

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