¿Quieres sentirte en una organización viva?

 En Equipos y Liderazgo. Coaching con Lean para Organizaciones, StarT. Emprendimiento desde tu Don
Cada día vemos con claridad que se debe superar el tipo de organización jerárquica que hemos heredado. Tanto el ser humano como la sociedad piden a gritos un cambio en sus organizaciones. Pero es también obvio que el cambio se ve bloqueado por no saber “hacia dónde” debe dirigirse. Y es lógico, pues debemos conocer el puerto seguro hacia el que dirigirnos si no queremos pasar de la sartén al fuego. Es por ello que me gustaría explicar ese modelo, que estamos llamando la organización viva.
La organización viva es aquella en que todos sus componentes entran en plena congruencia. Piensan de forma coordinada, sienten como un solo ser, actúan con la sincronía de un animal. El esfuerzo conjunto fluye de tal manera que, más que funcionar como un reloj, parece un organismo vivo.
El equipo de alto rendimiento es la unidad más pequeña de organización viva, pero ésta puede existir a gran escala. La clave es que la persona tiene un lugar de privilegio. Este peculiar modelo promueve ese equilibrio en que cada persona consiga su máxima expresión al tiempo que el equipo la consigue también. Es por ello que la relación entre las personas y su estado tiene tanta importancia como la tarea.
Por otro lado, una gran organización viva se compondrá de equipos de alto rendimiento que están plenamente integrados entre sí… un equipo de equipos. Órganos perfectamente afinados que se sincronizan entre sí para crear un cuerpo sano.
Para saber lo que es un equipo de alto rendimiento (que es, como decíamos, un tipo de organización viva), puedes ver este vídeo de un maravilloso punto de voleibol femenino:
Quizá has tenido ya alguna experiencia en que formaste parte de una organización viva (o un equipo de alto rendimiento). La sensación de motivación de alto voltaje, de conexión con los compañeros, de capacidad, de confianza… Es como pertenecer a un equipo de superhéroes. Si trabajas en un equipo así, no puede llamarse trabajar. Cada mañana estás deseando llegar a la oficina.
¿A qué sabe formar parte de un equipo con éste? ¿Cómo se siente uno dentro de él? En los seminarios suelo proponer ejercicios para experimentarlo todos juntos, pero también hay otra forma de sentirlo a solas. Una forma bien curiosa. Te propongo que la pruebes.
Fíjate en tu cuerpo. Se compone de una enorme cantidad de partes. Ya solo externamente, tienes dos piernas, dos brazos, dos manos, dos pies, cinco dedos en cada mano y en cada pie, la cabeza, ojos, pestañas, boca, labios,…
Forman un todo armónico. Aprender a sincronizar todas esas partes requirió de un aprendizaje prodigioso durante tus primeros años de vida. Fue un descubrimiento maravilloso. Un progreso heróico. Es curioso cómo lo olvidamos y lo satisfactorio que es recordarlo. Te propongo que disfrutes ahora de eso tan importante que aprendiste: la habilidad admirable de sincronizar los movimientos de todas las partes de tu cuerpo.
Simplemente, ponte de pie y camina poniendo atención en las distintas partes de tu cuerpo que están en movimiento. Cualesquiera. Fíjate, por ejemplo, cómo echas una pierna hacia delante, al compás del balanceo del cuerpo. Mira el preciso juego de tus caderas. Al mismo tiempo, el brazo opuesto se mueve hacia delante, y a continuación pones el peso de todo el cuerpo en la pierna, apoyándolo en el pie, que hace de palanca de la forma precisa para apoyar el avance. Los brazos, la columna, los hombros,… todas las partes del cuerpo entonan una sinfonía de movimientos.
Y todos estos movimientos se hacen de forma automática. Cuando le das la orden de caminar, el cuerpo “va solo”. Siéntelo y déjate sorprender por la fluidez colectiva de todas sus partes.
Tras fijarte en este milagro de sincronización, abandónate al placer de la sensación. Enfócate primero en sentir todas las partes del cuerpo mientras caminas y después en la sensación global. Puedes sentir primero la precisión de cada parte y después esa sincronía del todo.
Cuando sientes así el cuerpo, puedes crear aún más armonía conscientemente. Permítete el disfrute de esa sensación, sorpréndete, admírate. Juega con tu caminar para crear más sincronía. No  pongas límites a tu capacidad de maravillarte.
Ojalá este ejercicio te permita alcanzar la sensación de la organización viva que es tu cuerpo. Puedes notar cómo disfruta cuando rinde en su plenitud. En la organización viva, rendimiento y bienestar van unidos.
Esa es la sensación de plenitud que se consigue cuando uno forma parte de cualquier otro tipo de organización viva. Seguramente es una sensación similar a la que sienten las componentes del equipo de voleibol del vídeo.
Más que eso, seguramente esas personas viven esa sensación de forma conjunta, gracias a estar vibrando en sincronía. Viven un sentimiento común de plenitud. Esas personas son, en ese momento, como partes de un mismo cuerpo que disfruta de la sensación de plenitud de ser una organización viva.
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