Escucha plena y preguntas. Inspirándonos en Krishnamurti

 En Coaching 4 Evolutions. Las Etapas del Desarrollo, Comunicación Auténtica, Equipos y Liderazgo. Coaching con Lean para Organizaciones

De Daniel Álvarez Lamas

Revisado por Beatriz Fernández Martín

Todos queremos ayudar, pero, como coaches, nos podemos preguntar ¿desde dónde ayudamos? ¿Cuál es el papel que desempeñamos? A partir de esta cuestión, me gustaría ayudar a interiorizar la naturaleza de lo que llamamos “la escucha plena”, el gran motor de las preguntas del coach.

Quizá sea bueno partir desde un check list que muestre algunos pensamientos que realmente son “venenos” de la escucha:

– ¿Creo que el coachee no es capaz de ver una solución que yo veo con claridad?

– ¿Me veo en una situación de superioridad? (sea moral o intelectual).

– ¿Me parece que algunos coachees son más fáciles que otros?

– ¿Creo que el coachee tiene un gran problema?

– ¿Me dejo llevar por las emociones del coachee?

– ¿Alguna de las tendencias del coachee me causan rechazo?

Desde luego, el que esté libre de toda culpa que tire la primera piedra 🙂  

Cualquiera de estos pensamientos nos pueden asaltar en una sesión. Estos “venenos” dificultan que la sesión alcance todo su potencial y como coaches podemos hacernos responsables de tener a mano un buen “antídoto”.

Pongamos como ejemplo el pensamiento que puede parecer más natural: “el coachee tiene un gran problema”. Cuando pensamos esto ¿estamos escuchando al coachee o nos estamos situando en un lugar desde el que emitir un juicio? Fíjate en tus emociones ¿Cómo les afecta este pensamiento? 

Sigamos indagando en “el coachee tiene un gran problema”… ¿Escuchamos igual con este pensamiento que si pensamos, por ejemplo, “el coachee tiene todos los recursos que necesita o puede crearlos”? Este sería un antídoto que cambia la calidad de nuestro acompañamiento. Con él, nos instalaremos en la escucha plena, portadora de una curiosidad limpia y poderosa por conocer cuál es la solución que puede encontrar ese ser humano, con toda la confianza en el potencial que puede desarrollarse a partir de esta situación. Esa escucha genera un eco amplio y saludable para que la persona se reconozca y empodere.

Otros antídotos serían, por ejemplo, “respeto el mapa con el que esta persona ve el mundo y deseo ayudarla a completarlo de la forma más saludable para él o ella” o “esta situación le está poniendo delante de un gran descubrimiento que quiero ayudarle a conseguir”. Estas son presuposiciones poderosas del coaching con PNL.

La escucha plena implica mirar al coachee con ojos inocentes y profunda humildad. En el momento en el que existe un diagnóstico sobre lo que creemos que es “el problema” del coachee o “sus limitaciones”, se enciende una chispa de condescendencia y la escucha deja de ser plena. Al no confiar en sus recursos, lo más probable es que ni siquiera estemos escuchando, sino que estemos buscándole una solución, encendiendo por tanto nuestro diálogo interno.

La escucha del coaching es para sostener, no para juzgar. Una y otra cosa son incompatibles. ¿Y para qué es necesario sostener? Para que el coachee haga “su propia aventura”. Nosotros solo somos la caja de resonancia… y cuanto más limpia sea, mejor. Entonces nos dejaremos empapar con el mapa del coachee y surgirán de nosotros las preguntas que necesita para completar su mapa. Solo necesita nuestro estado de claridad y calma y nuestra escucha plena, junto al proceso natural de pensamiento óptimo (el proceso de coaching).

En el fondo, lo que deseamos es contagiarle ese estado de máxima vibración, así como nuestra escucha, para que se escuche a sí mismo, para que nuestras preguntas vibren en su sabio interior y provoquen su propia respuesta.

Ese ser humano necesita las preguntas que resuenan a través de su coach para escucharse y descubrir su propia respuesta. Ese es el resultado de la escucha y las preguntas del coaching.

El coach ayuda a la persona a llegar a la pregunta correcta y a escuchar el eco de sus propios pensamientos para que explore más adentro de sí misma. Le ofrece un espacio libre de distorsión, libre de otros pensamientos que no sean los del/la coachee. El coach le ayudará a ser valiente y a tener plena confianza en sí misma, para ahondar en cualquier cuestión por difícil que sea y así descubrir la verdad que guarda en su sabiduría esencial.

Jiddu Krishnamurti ha sido, en mi opinión, uno de los principales sabios espirituales de nuestro tiempo (falleció en 1986). Hay una gran cantidad de vídeos de sus charlas en YouTube, que tienen un gran valor para quienes buscan las verdades profundas de la espiritualidad. 

En una de sus charlas lo explica de una forma que creo que conecta directamente con el coach que desea ser un apoyo en el auto desarrollo personal y espiritual de las personas. Habla del sentido de las preguntas profundas, aquellas que hacen que el coachee indague en sí mismo sin distorsiones y con plena confianza. Dice así:

“Nunca nos preguntamos las cuestiones esenciales. Es una de las cosas más difíciles de hacer, porque debes llegar a ellas por ti mismo. Cuando entras en la pregunta con la suficiente profundidad ya la has contestado, pero si, en vez de eso, esperas que otro la responda, la respuesta solo será verbal porque no has trabajado sobre ella por ti mismo, no has explorado dentro de ti.

Por lo tanto, cada uno debe preguntarse hasta hallar la pregunta correcta que lleva a la respuesta correcta. El otro es solo una caja de resonancia. La caja de resonancia no es importante.” (1)

Jiddu Krishnamurti. 

(1) Fuente: “what is life all about”. youtube. 22 mayo 68. Ámsterdam 

https://youtu.be/H8FyaVFzMeo. Minuto 57 (traducido del inglés).

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